Reforma Integral a la Educación

Julián De Zubiría, fundador y director del Instituto Alberto Merani, defiende las fortalezas del Estudio Compartir, pero ratifica la necesidad de un Acuerdo Nacional que nos conduzca a una reforma integral del sistema educativo.

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El debate continúa. Zubiría responde al texto de Guillermo Perry sobre el estudio de la Fundación Compartir.

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La educación es algo tan importante que resulta muy grave para el desarrollo que sólo la clase política realice los análisis y tome las decisiones. Infortunadamente, en Colombia no tenemos interlocución en educación y tendremos que impulsarla desde la sociedad civil.

Por ello, es bienvenido el debate entre investigadores, pedagogos, docentes, artistas, empresarios, padres y madres de familia, periodistas, estudiantes y, en general, la sociedad civil.

Como nación tendremos que proponer de manera innovadora, implementar y validar propuestas pedagógicas que nos ayuden a mejorar la calidad de la educación. Nos tendremos que movilizar “Todos por la educación”. Seguramente mañana será tarde para el desarrollo humano, individual y social, pero especialmente para la democracia.

El estudio realizado por la Fundación Compartir titulado Tras la excelencia educativa, es un esfuerzo significativo para avanzar en el diagnóstico del problema de la educación en Colombia.

Sin dudarlo, si se implementara la propuesta –como todos esperamos-, nos ayudará a atraer y retener maestros de calidad, condición sine qua non para alcanzar la anhelada calidad de la educación.

Con lujo de detalles y con amplia revisión de los casos exitosos a nivel internacional, el equipo de la Fundación Compartir propone diversas y pertinentes estrategias para mejorar los criterios de selección y evaluación de docentes.

Para mí es muy honroso que los autores del estudio estén “de acuerdo con todas las ideas planteadas” en mi anterior artículo sobre el tema. Sin embargo, observo diferencias esenciales entre el profundo y riguroso análisis realizado en el estudio y la respuesta enviada a la revista Semana. Diferencias que me gustaría resaltar.

El estudio sí privilegia la variable docente por encima de todas las demás y eso es evidente para quienes lo hemos leído. Incluso, casi todas de las 400 páginas están dedicadas al análisis de esta variable y unas pocas incluyen otros aspectos. Pero contrario a lo afirmado en la carta enviada a Semana, la calidad de los docentes es una variable usada en la argumentación de la investigación para concluir que se centrarán en propuestas ligadas con la selección, evaluación y formación de docentes.

Un estudio focalizado –como el de la Fundación Compartir- gana en rigor y profundidad, pero pierde en integralidad: esa es mi primera observación.

or otro lado, el análisis y las propuestas derivadas sobre los procesos de formación en Colombia se hacen bajo el supuesto de creer que los programas de alta calidad deben servir como referentes al cambio en las Facultades de Educación. Por ello proponen estrategias esencialmente ligadas con la implantación de estándares de excelencia, requisitos de registro calificados y acreditación.

De allí la confianza en sus programas de maestría, quizás porque el estudio de Compartir se refiere a las pruebas internacionales de evaluación de la calidad como “pruebas de conocimiento internacionales” lo cual es pedagógicamente equivocado. A propósito, ¿qué impacto han tenido en la calidad de la educación básica la generalización de maestrías estimuladas por el estatuto docente y por el mercado laboral en las últimas décadas?

Las Facultades de Educación, en general, no forman a los futuros maestros para que aprehendan a desarrollar competencias comunicativas, éticas, argumentativas e interpretativas, ni para que los docentes formados en ellas desarrollen en sus estudiantes competencias para resolver problemas cotidianos y creativos o procesos complejos de pensamiento.

A propósito, ¿saben los lectores en cuántas facultades de educación del país existen programas para desarrollar las competencias argumentativas o la lectura crítica que exigen desde hace quince años nuestras actuales pruebas SABER?

Una de las ideas más importantes de la educación en los últimos veinte años en el mundo es la necesidad de pasar de mediar y evaluar conocimientos a mediar y evaluar competencias. Las competencias son aprehendizajes generales, integrales y flexibles que se pueden transferir a diversos campos del conocimiento y de la realidad. La profunda transformación que le brinda a la escuela trabajar por competencias la captó adecuadamente el ICFES en Colombia desde hace más de una década, así como la OCDE cuando comenzó a diseñar pruebas como PISA. Sin embargo, esto no es tenido en cuenta por el estudio de la Fundación Compartir.

Precisamente, el mayor problema que hoy en día tienen las Facultades de Educación, es que no están formando en los futuros docentes los aspectos esenciales evaluados tanto en las pruebas nacionales SABER como en las pruebas internacionales PISA o LLECE, y eso genera que no desarrollen verdaderas competencias para que sus estudiantes mejoren sus procesos de pensamiento, esto es, mejoren sus argumentos, sus interpretaciones y sus deducciones.

Mi último comentario es sobre la variable institucional. Tanto el estudio LLECE de 1998 como el realizado en 2006, concluyen que el “clima institucional” incide más en la calidad de la educación que todas las demás variables. Pero el estudio de la Fundación Compartir no tiene en cuenta este aspecto.

La ventaja que tiene LLECE, por ser un estudio latinoamericano, es que compara la calidad en países con historias y contextos similares al nuestro. Es, incluso, más pertinente que PISA para analizar los factores asociados a la calidad. ¿Por qué no incluyeron esta variable? Muy seguramente porque el énfasis que asignaron a la variable docente, diluyó el impacto que tiene la institución. Por eso, tampoco se menciona al PEI como una variable determinante de la calidad.

En diversos estudios adelantados sobre la calidad de la educación en Bogotá, hemos encontrado consistentemente que haber construido un PEI pertinente y con el cual se identifique la comunidad educativa, es la variable que diferencia, en mayor medida, a las primeras cincuenta instituciones – según los resultados de las pruebas Saber Once-, frente a las que obtienen los últimos lugares. Pero para ver el PEI, el clima institucional, el liderazgo pedagógico del Rector o los procesos permanentes de formación de docentes, es indispensable pensar, previamente, la institución educativa como un todo y no solamente tener en cuenta y, de manera relativamente aislada, la variable de la calidad de los docentes.

Como puede verse, el problema de la calidad de la educación es más integral de lo que a veces se supone. Es más complejo de lo que se cree, pues todo el sistema está diseñado para transmitir informaciones impertinentes y no para pensar, crear o resolver problemas.

Así fueron escritos los currículos y previstos los sistemas de evaluación, selección y formación de los maestros. Incluso, así están pensados los museos y hasta los concursos y noticieros de televisión, construidos para transmitir informaciones, pero no para interpretarlas, analizarlas o leerlas de manera crítica e independiente.

Para mejorar la calidad de la educación se requiere un cambio profundo, estructural y general en el sistema educativo y en la cultura. Necesitamos que la educación básica esté dedicada a lo más importante: desarrollar competencias transversales para pensar, convivir, interpretar, leer y escribir. A esas competencias debería dedicarse por completo la educación básica, como hacen los países que obtienen los mejores lugares en pruebas internacionales de competencias. Infortunadamente, esto no será posible mientras no transformemos de manera completa la actual formación de los docentes, el currículo y el modelo pedagógico que sigue vigente en la mayoría de instituciones educativas del país.

Por ello, dejar de lado el modelo pedagógico en una propuesta para mejorar la calidad de la educación, es como si un economista, para pensar la reactivación, dejara de lado el modelo de desarrollo económico. Del mismo modo, dejar de lado el currículo es algo así como si no se incluyeran la política cambiaria y monetaria para responder a una crisis en el sector externo de la economía.

Si bien he postulado la necesidad de una mirada más compleja e integral del problema de la calidad educativa, he de felicitar al equipo de la Fundación Compartir por el inmenso aporte que le han dado a la educación nacional. Han permitido que el país, por primera vez en muchos años, ubique el debate educativo como uno de los más importantes, pues si en verdad queremos construir una sociedad más democrática e incluyente, ese debe ser un punto central en la discusión de nuestro proyecto nacional.

Mientras la educación colombiana siga siendo tan desigual y de tan baja calidad, el sistema educativo en lugar de disminuir las inequidades sociales, seguirá agravándolas y, además, restringiendo la democracia.

Los acompañaré en primera línea para garantizar que su propuesta sea implementada en el país, para que efectivamente comencemos a construir una política pública en educación, de la cual hasta el momento –con pocas excepciones- hemos carecido.

Pero seguiré insistiendo en que sólo transformaremos la calidad de la educación cuando debatamos pública y ampliamente sobre el modelo pedagógico que deberá orientar la educación en el país y nos movilicemos todos para garantizar una reforma integral del sistema educativo. Mejorar la selección y la evaluación de maestros es esencial, el estudio de la Fundación Compartir lo ha ratificado de manera ejemplar: pero ello, no basta.

¿Educar sin evaluaciones?

Patricia León Agustí, instructora del Instituto de Verano del Proyecto Cero de Harvard, considera que la forma de calificar y el tipo de exámenes que solo valoran la memorización contribuyen a la mediocridad de la educación.

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Es docente y formadora de profesores, fue una de las personas responsables de traer la visión de la Enseñanza para la Comprensión del reconocido Proyecto Cero de Harvard a Colombia por primera vez en 1994.

Durante 11 años fue directora del Colegio Rochester y es fundadora del Colegio Anexo San Francisco de Asís. En 1997 fue Profesora Invitada (Visiting Scholar) en la Escuela de Graduados en Educación de la Universidad de Harvard.

Patricia León, experta en investigación educativa y desarrollo humano habló con SEMANA Educación sobre el panorama de la educación en el país, la calidad docente y el cambio de paradigma que necesita el sector.

León estará presente en la Cumbre Líderes por la Educación, que se celebrará este 29 y 30 de abril en el Gimnasio Moderno, hablando sobre la Enseñanza para la Comprensión.

SEMANA EDUCACIÓN: Después de tantos años como educadora en los que ha tenido la oportunidad de ver múltiples experiencias pedagógicas en el país, ¿se raja Colombia en educación?

Patricia León: Es difícil generalizar. Más que hablar de “rajarse”, tal vez lo más preocupante es la gran brecha que existe entre los distintos niveles de educación.

Sí está rezagada en muchos aspectos, especialmente en la investigación, en el desarrollo autónomo de los estudiantes y en la capacidad de formar seres pensantes, dispuestos a trabajar para sí mismos y para el bien común.

Sin embargo es interesante ver los esfuerzos de docentes en situaciones bastante precarias, que han logrado utilizar los recursos que tienen a su disposición, para lograr cambios en su entorno.

S.E: ¿Cuál es el peor error que se comete en la educación?

P.L: No sé si lo pondría así. Diría que son carencias, y que la principal es que no se está llevando a los pedagogos a reflexionar sobre nuestra propia práctica. Es importante hacerlo, a través de la conversación podemos reflexionar para darnos cuenta en qué aspectos hay que trabajar.

En la escuela hay poco tiempo para que docentes y estudiantes puedan reflexionar. Siempre debemos preguntarnos: ¿Qué vale realmente la pena enseñar y por qué? ¿Qué le voy a pedir a los estudiantes que hagan para alcanzar esas comprensiones? ¿Cómo vamos a saber, tanto nosotros los docentes como los estudiantes que sí se están logrando esas comprensiones?

S.E: ¿Ese era el tipo de educación que promovía en el Rochester?

P.L: Sí, cuando empezamos a implementar estos cambios hubo una fuerte transformación tanto en el Rochester como en el Colegio Anexo San Francisco de Asís. El más fuerte fue la toma de conciencia de la importancia de trabajar en equipo para reflexionar.

Nos dimos cuenta que el trabajo del maestro era un trabajo solitario, cuando él cerraba la puerta del salón quedaba a su suerte y no se sabía qué se enseñaba, ni cómo se enseñaba. Era importante que compartiéramos la mejor forma de crecer como profesionales. Fue un cambio fuerte.

Otro aspecto era el de las evaluaciones. A mí como rectora la forma de evaluar a los estudiantes me parecía ineficiente e ineficaz. Realmente esta forma de evaluar contribuía más a la mediocridad que a la calidad. Se estudiaba por una calificación y ser promovido.

También como rectora, me di cuenta que la mejor forma de evaluar al docente era observar el trabajo que él o ella le pedía al estudiante que realizara. ¿Ese trabajo requería de de pensamiento y reflexión?, ¿o se trataba de un trabajo rutinario, memorístico y repetitivo?

S.E: ¿Qué la llevó a vincularse al Proyecto Cero de Harvard?

P.L:, Tuve dos razones poderosas por las cuales me vinculé al Proyecto Cero: por un lado, me preocupaba la mediocridad que veía en la forma como evaluábamos a los estudiantes en el colegio Rochester y por otro, quería hacer de la comunidad de dónde venían los estudiantes del colegio Anexo, una fuente de aprendizaje, y a saber cómo integrar los contextos inmediatos de esos niños a su proceso educativo.

Esas dos grandes inquietudes me llevaron a trabajar con Rosario Jaramillo y con Ana María de Samper. Con ellas organizamos un seminario y algunos investigadores del Proyecto Cero vinieron a Colombia por primera vez en octubre de 1994 a trabajar con ocho colegios de Bogotá.

Esta experiencia fue muy interesante, cuando comenzamos no había literatura en español, por lo tanto empezamos por traducir el material en el Rochester y en el Anexo. Conformamos grupos de estudio con docentes de los dos colegios, dando inicio a una serie de seminarios de estudio y divulgación.

S.E: Volvamos al tema de la evaluación, ¿debería desaparecer?

P.L: La evaluación per se no es que deba desaparecer. Lo que si es necesario es fortalecer la valoración continua, entendiéndola como ciclos de retroalimentación que le permite al estudiante mejorar cada vez más su trabajo. Lo importante es que el docente le pida al estudiante realizar actividades donde se haga visible qué está comprendiendo y que le falta por comprender.

También se necesita que desde el comienzo haya criterios claros, pues esto le ayuda al estudiante a saber qué se espera del trabajo para que sea de calidad. Estos ciclos de retroalimentación le permiten al estudiante mejorar su trabajo durante el proceso, sin que haya sorpresas al final.

S.E: ¿Entonces cómo medimos?

P.L: Entiendo que hay que usar algún tipo de medición., No soy muy amante de las calificaciones en cuanto a números, pero sí creo en una evaluación donde le pueda decir al estudiante lo que logró y en lo que le falta profundizar. Estoy segura que si ha habido una valoración continua, el resultado final (Evaluación) será exitoso.

S.E: Usted menciona la importancia del desarrollo del pensamiento en el Marco de la Enseñanza para la Comprensión, ¿de qué se trata?

P.L: Es llevar al estudiante a que siempre esté consciente y atento a “pensar antes de actuar”, tanto en el aula como en la vida. Es entender que las acciones tienen consecuencias, es aprender aplantear hipótesis, a resolver problemas, a respetar diversos puntos de vista, a escuchar y observar atenta y cuidadosamente, y demás. . Esto sirve no solo para lo académico, sino también para lo social y lo moral.

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